De vez en cuando nos llega la misma pregunta, casi siempre de ciclistas con experiencia en montaña: «¿Por qué no tenéis bicis de doble suspensión sin motor?». Es una pregunta razonable. La doble suspensión es cómoda, absorbe los baches y en una bajada técnica da mucha seguridad. Si en tu día a día ruedas por senderos, es lógico pensar que también será la mejor opción para hacer el Camino.
No lo es. Y no es una cuestión de catálogo ni de presupuesto: es una decisión técnica que hemos tomado después de muchos años viendo llegar a Santiago a miles de bicigrinos. Te explicamos el porqué con calma, porque entenderlo te ayudará a elegir mejor tu bicicleta, la alquiles con nosotros o no.
El Camino no es una ruta de enduro: es una travesía con carga
Lo primero es entender qué esfuerzo exige el Camino de Santiago en bicicleta. Son entre 50 y 90 kilómetros al día, durante una o dos semanas, combinando asfalto, pistas de tierra compactada, tramos de grava y algunos senderos con piedra suelta. Hay subidas largas y constantes, como O Cebreiro o la Cruz de Ferro, y muchas menos bajadas técnicas.
Y, sobre todo, se viaja con equipaje. Lo habitual es llevar entre 6 y 12 kilos en alforjas traseras: ropa, chubasquero, herramientas, cámara de repuesto, algo de comida y agua.
Ese contexto lo cambia todo. Una bicicleta pensada para bajar rápido un sendero con un ciclista ligero y sin carga no tiene por qué ser la mejor herramienta para pedalear 700 kilómetros con 10 kilos colgados detrás.
El efecto bombeo: cuando la bici «rema» contigo
Aquí está el núcleo del problema. En una bicicleta de doble suspensión, el amortiguador trasero no distingue del todo entre un bache del camino y el empuje de tus piernas. Cada vez que empujas el pedal hacia abajo, una parte de esa fuerza comprime la suspensión trasera; cuando el pedal pasa por el punto muerto, el amortiguador se vuelve a extender. El resultado es un balanceo rítmico, arriba y abajo, adelante y atrás, que en el mundo de la bici se conoce como pedal bob o efecto bombeo. Nosotros lo llamamos efecto barca, porque la sensación se parece mucho a la de remar: la bici se mece con cada pedalada.
No es una manía de ciclistas. La propia industria lo reconoce en sus patentes: la compresión y descompresión de la suspensión trasera provocada por el ciclista, y no por el terreno, se traduce en pérdida de energía y de rendimiento. La física es sencilla: cuando el pedaleo comprime la suspensión, parte de tu potencia se gasta en comprimir el amortiguador, y esa energía acaba convertida en calor dentro del aceite. Sale de tus piernas y no llega a la rueda.
Los fabricantes llevan décadas intentando reducirlo con sistemas de bieletas, geometrías «anti-squat» y bloqueos. Que existan tantas patentes para combatirlo es la mejor prueba de que el problema es real.
«Pero los estudios dicen que la pérdida es pequeña»
Es cierto, y queremos ser honestos con este punto: un buen argumento no esconde los datos que le incomodan.
El estudio de referencia, de la Universidad Católica de Lovaina, comparó con ciclistas de competición bicis rígidas, de suspensión delantera y de doble suspensión sobre un rodillo de laboratorio. No encontró diferencias significativas en el consumo de oxígeno: como mucho, un 3 % más que con la bici rígida.
Ahora bien, hay que mirar las condiciones de ese ensayo: ciclistas expertos, sentados, con un pedaleo muy redondo, sobre un rodillo completamente liso y, sobre todo, sin equipaje. Los propios autores apuntan que la pérdida podría ser importante a potencias más altas, al pedalear de pie o por efecto del terreno.
Es decir, el estudio mide el mejor escenario posible para la doble suspensión. El Camino es justo el contrario:
- Pedaleo de pie en las subidas. En rampas como las de O Cebreiro casi todo el mundo se levanta del sillín. Es justo cuando el bombeo se dispara, porque el peso del cuerpo cae sobre cada pedal.
- Ciclistas que no son profesionales. Un corredor tiene un pedaleo fluido y constante. Un cicloturista suele empujar más «a golpes», y cada golpe es un impulso que se come el amortiguador.
- Más peso sobre el amortiguador. Ciclista más alforjas significa más hundimiento de la suspensión y más recorrido en cada pedalada.
- Muchas horas acumuladas. Un 3 % en una prueba de unos minutos es poco. Un pequeño porcentaje perdido durante seis o siete horas al día, una semana entera, se nota en las piernas y en la cabeza.
Nuestro argumento, por tanto, no es que la doble suspensión te robe «la mitad de la fuerza». Es que, en las condiciones reales del Camino, la pérdida crece justo cuando más duele, y lo hace en una bici que además arrastra los problemas que te contamos a continuación.
Transmisión directa: la razón de fondo
Si hubiera que resumir este artículo en una idea, sería esta: en una bicicleta con la parte trasera rígida, toda la fuerza que haces sobre el pedal llega a la rueda. No hay nada en medio que se comprima, se estire o se mueva. La cadena tira y la rueda avanza.
Esa transmisión directa es la que hace que el pedaleo sea redondo. Y el pedaleo redondo es lo que más se agradece en el Camino, mucho más que absorber un bache de vez en cuando. Piensa en la meseta castellana: decenas de kilómetros de pistas de tierra llanas o con subidas suaves y largas, entre Burgos y León, donde lo que marca la diferencia no es la técnica ni la suspensión, sino la cadencia. Pedalear con un ritmo constante durante horas, sin que la bici se coma una parte de cada pedalada. En ese terreno, una bici rígida avanza; una doble suspensión sin motor se mece.

No es casualidad que la gravel se haya convertido en una de las grandes protagonistas del Camino de Santiago en los últimos años. Lo vemos cada temporada: cada vez más bicigrinos llegan a Santiago en gravel. Buscan exactamente eso, una transmisión directa de la fuerza del ciclista a la rueda trasera, con neumáticos lo bastante anchos para la tierra y la grava y una posición pensada para muchas horas.
¿Y las alforjas?
Hay quien da por hecho que en una doble suspensión no se pueden llevar alforjas. No es así: existen portabultos traseros específicos para cuadros de doble suspensión, y en Bicigrino los usamos a diario en nuestras eléctricas. Llevar equipaje no es el problema.
El problema es lo que ese equipaje añade a la ecuación en una bici sin motor. Con seis, ocho o diez kilos detrás, la suspensión trasera trabaja con más peso, se hunde más en cada pedalada y el balanceo se acentúa. La carga no resuelve el efecto barca: lo amplifica. Sobre un cuadro rígido, esos mismos kilos simplemente viajan contigo.
Un amortiguador que trabaja fuera de lo que se diseñó
Hay un aspecto técnico que casi nunca se explica y que, para nosotros, es decisivo. El amortiguador trasero de una bici de montaña de doble suspensión se diseña y se ajusta para un rango de peso concreto: el de un ciclista normal para la talla de esa bicicleta. La curva del muelle, el hundimiento en reposo (lo que los mecánicos llaman sag), la velocidad del rebote y el recorrido disponible están calculados para ese peso y para un uso muy concreto: absorber golpes del terreno con la bici ligera y el ciclista encima.
Cuando cuelgas alforjas, sacas al amortiguador de ese margen de trabajo. Y las consecuencias van más allá de pedalear peor:
- Se hunde demasiado. Con el peso extra, el amortiguador arranca ya comprimido, le queda menos recorrido útil y llega a tope con más facilidad en los baches.
- Para compensarlo hay que subir mucho la presión. Y entonces deja de copiar el terreno: se vuelve duro en los golpes pequeños, justo los que más abundan en el Camino, sin dejar de balancearse al pedalear.
- El rebote se descompensa. Un amortiguador ajustado para un ciclista de 75 kilos no controla igual el retorno cuando sostiene 85 o 90. La parte trasera rebota, «flota», y la carga se balancea con ella.
- Más desgaste y más riesgo de avería. Trabajar de forma continuada fuera de su rango castiga retenes, casquillos y rodamientos del basculante. Es justo el tipo de avería que no quieres a mitad de etapa, lejos de un taller.
Una bici de montaña de doble suspensión es una herramienta excelente para lo que fue diseñada. Cargarla como una bici de viaje es pedirle un trabajo para el que no está pensada.
Más peso, más mantenimiento, más puntos de fallo
Una bicicleta de doble suspensión sin motor pesa más que una rígida equivalente: amortiguador, bieletas, rodamientos y tornillería extra. Ese peso hay que subirlo, pedalada a pedalada, en cada puerto del Camino.
También tiene más piezas que pueden fallar a cientos de kilómetros de casa: un amortiguador que pierde presión, unos rodamientos que se resienten con el barro gallego y la lluvia. En un viaje en el que lo que quieres es pedalear y disfrutar, cada pieza menos es una preocupación menos.
«¿Y si bloqueo el amortiguador?»
Muchas dobles suspensiones permiten bloquear el amortiguador trasero, y es una buena solución para el asfalto y las subidas. Pero piénsalo: si vas a pasar la mayor parte del Camino con la suspensión bloqueada, lo que llevas es una bici rígida más pesada, más cara y con más piezas que mantener. Y si te olvidas de bloquearla, algo que pasa constantemente con el cansancio, vuelves al efecto barca.
Lo que sí recomendamos sin motor: gravel o montaña con la trasera rígida
Para el cicloturismo con alforjas, y en concreto para el Camino, recomendamos dos tipos de bicicleta sin motor:
- Gravel. Rápida y eficiente en asfalto y pista, cómoda gracias a neumáticos anchos, con anclajes para portabultos y una posición pensada para muchas horas. Ideal si buscas avanzar con agilidad.
- Montaña con suspensión solo delantera (hardtail). La horquilla absorbe los golpes que más se notan, los que llegan a manos y brazos, mientras que la trasera rígida transmite cada pedalada directamente a la rueda y sostiene sin problema un portabultos con alforjas. La opción más polivalente si prefieres más control en los tramos de piedra.
La comodidad en la parte trasera se consigue de otras formas, mucho más eficaces para este tipo de viaje: un buen sillín, neumáticos con algo más de sección a la presión adecuada y un culotte de calidad.
Por qué en una bicicleta eléctrica la doble suspensión sí tiene sentido
Aquí viene la parte que mucha gente no espera: en eléctrica, sí recomendamos la doble suspensión. No es una contradicción, es la misma lógica aplicada a otra máquina.
El argumento contra la doble suspensión sin motor es de eficiencia: cada vatio que se pierde en el amortiguador sale de tus piernas, y tus piernas son la única fuente de energía. En una e-bike eso cambia de raíz.
- El motor compensa la pérdida. El bombeo que se produzca queda cubierto por la asistencia. La mayor eficiencia de una rígida pierde importancia y te quedas con las ventajas de la doble suspensión.
- Pedaleo más suave, menos golpes. Con asistencia no necesitas empujar fuerte en cada pedalada: la fuerza se reparte de forma más constante y el motor rellena el punto muerto. Menos impulsos bruscos significa menos movimiento del amortiguador. Los motores con sensor de par, como los de Bosch, ajustan la ayuda a la fuerza real que haces y suavizan aún más la entrega.
- Más peso, más necesidad de suspensión. Una e-bike pesa bastante más y va más rápido por los tramos rotos. Ahí la suspensión trasera aporta tracción, control y comodidad, y reduce la fatiga en jornadas largas.
- Amortiguadores específicos para e-bike. Precisamente porque una eléctrica pesa más y es más robusta, monta amortiguadores especiales para e-bikes, distintos de los de una bici de montaña convencional, construidos y ajustados para mucho más peso total y para las fuerzas que genera el motor. Ese margen es el que permite cargar alforjas sin sacar a la suspensión de su rango de trabajo.
- Diseñadas desde el origen para esto. Las e-MTB actuales concentran motor y batería en la parte central y baja del cuadro, así que el reparto de pesos es estable aunque la bici sea pesada.
Por eso nuestra eléctrica de doble suspensión para el Camino es la Cannondale Moterra Neo, con motor Bosch. Y sí, lleva alforjas: le instalamos un portabultos trasero específico para doble suspensión, de modo que viajas con tu equipaje igual que en una bici rígida.
Dicho de otra forma: en una bici sin motor, la doble suspensión te cobra en piernas lo que te da en comodidad. En una eléctrica, el motor paga esa factura y tú te quedas con la comodidad.
Nuestra flota: elegida para el Camino
Nada de lo que tenemos en alquiler está por casualidad. En Bicigrino hemos elegido el que consideramos el mejor abanico de bicicletas para una ruta como el Camino de Santiago, y cada una responde a un tipo de bicigrino:
- Gravel sin motor, para quien busca agilidad y una transmisión directa de cada pedalada en asfalto, pista y meseta.
- Montaña hardtail sin motor, para quien quiere más control en los tramos de piedra sin renunciar a un pedaleo eficiente.
- Eléctrica hardtail, para quien quiere ayuda en las subidas con una bici sencilla y fácil de cargar.
- Eléctrica de doble suspensión (Cannondale Moterra Neo), para quien busca el máximo confort y tracción, con el motor compensando lo que resta la suspensión trasera.
La única que falta es, precisamente, la que no recomendamos: la montaña de doble suspensión sin motor. No la tenemos porque no creemos que sea la mejor herramienta para este viaje. Puedes ver todos los modelos en nuestra página de alquiler de bicicletas para el Camino de Santiago.
Nuestra recomendación, resumida
| Tipo de bicicleta | ¿La recomendamos para el Camino con alforjas? | Motivo principal |
|---|---|---|
| Gravel sin motor | Sí | Eficiente, ligera, transmisión directa |
| Montaña hardtail sin motor | Sí | Polivalente, pedaleo directo, carga fiable |
| Montaña de doble suspensión sin motor | No | Efecto bombeo, amortiguador no diseñado para la carga, más peso |
| Eléctrica hardtail | Sí | Asistencia y carga sin complicaciones |
| Eléctrica de doble suspensión | Sí | El motor compensa el bombeo y suma confort |
Preguntas frecuentes sobre la bicicleta de doble suspensión en el Camino de Santiago
¿Es mala idea hacer el Camino de Santiago con una bici de doble suspensión sin motor?
No es imposible, y hay quien lo hace. Pero para la mayoría de cicloturistas no es la opción más eficiente: se pierde energía con el bombeo de la suspensión, sobre todo en las subidas de pie y con el peso de las alforjas, y en los tramos largos y llanos, como la meseta, el pedaleo es mucho menos redondo que en una bici rígida.
¿Puede estropearse el amortiguador de una bici de montaña si le pongo alforjas?
Puede sufrir más de la cuenta. El amortiguador de una doble suspensión sin motor está diseñado para el peso de un ciclista normal según la talla de la bici. Con alforjas trabaja fuera de ese rango: se hunde más, llega a tope con facilidad, el rebote se descompensa y retenes y rodamientos se desgastan antes.
¿Qué es el efecto bombeo o pedal bob?
Es el balanceo que produce la suspensión trasera cuando se comprime y se extiende al ritmo de las pedaladas. Parte de la energía del ciclista se gasta en mover el amortiguador en lugar de impulsar la bicicleta.
¿Bloquear la suspensión trasera soluciona el problema?
En parte. Elimina el bombeo, pero te deja con una bicicleta más pesada que una rígida, con más piezas que mantener, y depende de que te acuerdes de bloquearla en cada tramo.
¿Por qué Bicigrino sí alquila e-bikes de doble suspensión?
Porque el motor compensa la pérdida de eficiencia y suaviza el pedaleo, así que el ciclista disfruta de la comodidad y la tracción de la doble suspensión sin pagarlo en esfuerzo. Además, las e-bikes montan amortiguadores específicos, diseñados para más peso, y nuestra Cannondale Moterra Neo lleva un portabultos trasero para doble suspensión, así que admite alforjas sin problema.
¿Qué bicicleta sin motor es mejor para el Camino: gravel o montaña?
Gravel si buscas agilidad y vas a rodar mucho por asfalto y pista. Montaña hardtail si prefieres más control y comodidad en los tramos de piedra suelta. Las dos admiten alforjas sin problema.
Elige bien la bici y el Camino se disfruta el doble
Si tienes dudas sobre qué modelo encaja con tu ruta, tu forma física y tu equipaje, escríbenos y te aconsejamos sin compromiso. Si todavía estás decidiendo la ruta, te puede ayudar nuestra comparativa sobre el mejor Camino de Santiago en bicicleta. Y para preparar las etapas con detalle, nuestro planificador del Camino Francés y del Camino Portugués te las organiza desde el ordenador o desde la app del móvil.